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La
abuela de Federico compró media docena de huevos blancos
en el mercadito y los acomodó en la huevera de la heladera.
Por la mañana cuando se hacía el tecito con leche
del desayuno, se dio cuenta de que uno de los huevos que hasta
ayer era blanco, hoy había amanecido de color azul.
La abuela agarró la bolsa de los mandados,
se puso el huevo en el bolsillo del abrigo y se fue para el
mercadito a hacer el correspondiente reclamo.
Después de explicarle a don José tamaña
desgracia, sacó el huevo del bolsillo, y grande fue su
sorpresa cuando al mostrarlo, el huevo nuevamente era blanco.
Don José miró a su señora que encogió
los hombros y la Sra. de Don José miró a la abuela
que tenia la boca abierta grande, muy grande.
- Bueno, dijo la abuela, me habrá parecido, y se volvió
a su casa a poner el huevo en la heladera.
A la mañana siguiente el huevo otra vez era de color
azul.
Poquitos minutos demoró la abue en llegar a lo de Don
José, pero el huevo otra vez llegó blanco. |
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Y así pasó,
día tras día. La abuela que ponía el huevo blanco
en la heladera y éste que amanecía azul y cuando iba
al mercadito a mostrárselo a Don José llegaba blanco.
La abuela decidió cortar por lo sano. El lunes abrió
la heladera, y al ver al huevo azul entre los otros blancos, dijo
con voz enérgica -pero no enojada-
- Se puede saber por qué te guardo blanco y amanecés
azul ...
Desde la huevera de la heladera salió una voz muy suavecita
que dejó escapar un...
Me pongo azul porque tengo frío, mucho frío, mientras
le castañeteaban los dientes.
La abuela cerró la heladera, salió corriendo y volvió
a las dos horas con una hermosa bufanda roja y blanca y un gorro azul
con una borla roja. El huevo hace dos años que vive en la heladera
de la abuela y ya no amanece azul.
BIANFA |
Se
juntaban de noche y salían a volar.
Les gustaba hacer figuras en el cielo oscuro.
Una noche hacían figuras geométricas, otra se
les daba por volar fuertisisisísimo para ver quién
dejaba una estela más larga de luz o hacían la
que más les gustaba a todas, abrazarse y formar una gran
esfera de luz.
Eran luciérnagas.
Una noche de primavera despegaron desde un gomero de una plazoleta
y volaron hacia la costanera: habían sido contratadas
para animar la fiesta de quince de la hija de una langosta.
Eran el número vivo de la fiesta y tenían que
formar el nombre de la cumpleañera en el cielo... »Encarnación».
La langosta se llamaba Encarnación, por lo que fue necesario
avisarles a todas las luciérnagas en condiciones de volar
que se hicieran presentes para poder cumplir con el trabajo.
Había en total 30, las cuales fueron distribuidas de
la siguiente manera en el cielo:
4 para la E mayúscula, después y sucesivamente
3 para la N, 2 para la C, 3 para la A, 4 para la R, 3 para la
N, 3 para la A , 2 para la C,1 para la I, |
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2 para la O, y 3
para la N final, justo 30, ni sobraba una, ni faltaba una, perfecto.
Despegaron con la luz apagada y profesionalmente se fueron acomodando,
cuando estuvieron listas un luciérnago muy atento gritó
a la cuenta de tres...¡¡enciendan!! y el nombre brilló
como nunca en el cielo, Encarnación, se leía clarito.
Hermoso, decía la homenajeada; Beautiful decía una langosta
norteamericana invitada, o mais grande decía otra, llegada
para la ocasión desde Brasil. Todos eran halagos hasta que
la voz firme del langosto padre se escuchó por sobre las demás.
-La verdad es que está muy lindo, pero tiene un error ortográfico,
dijo con voz profunda: Encarnación es con acento y por más
que sea escrito en el cielo, sugiero que lo corrijan porque no es
éste el ejemplo que debemos darle a nuestras pequeñas
langostitas, aquí presentes, que ya de por sí hacen
un mal uso del idioma y no quiero pensar que puede suceder si dejamos
pasar tamaño error.
Además yo inscribí a la nena con acento y pagué
para que lo escriban en el cielo con acento, así que lo quiero
con acento, sentenció.
Cuando las luciérnagas bajaron para el descanso, se encontraron
con la noticia y decidieron inmediatamente que un grupo fuera a buscar
al abuelo, para que cumpliera la función de acento.
Al rato ya estaban de vuelta, despegaron nuevamente y casi milagrosamente
una vez más el nombre tomó vida en el cielo.
Se leyó clarito Encarnación, con acento.
La ovación fue mayúscula, pero aún no se habían
acallado los primeros aplausos cuando el acento titiló un par
de veces y se vino en picada desde lo más alto para caer sobre
una mesa repleta de finísimos canapés .
¡Ploc!, se escuchó cuando el luciérnago golpeó
contra la mesa y el abuelo quedó con las patitas para arriba
y la luz totalmente apagada.
-Está muerto, gritó desencajada una langosta de peinado
alto.
-Se hizo torta, gritó riéndose una langostita y la madre
le pegó un chirlo por maleducada.
La cuestión es que el viejo luciérnago quedó
tirado sobre la mesa.
Cuando las demás aterrizaron, despaciosamente y en silencio
rodearon el cuerpito inmóvil, lo dieron vuelta, y una de las
luciérnagas abrió un librito, y cuando todos los presentes
pensaron que iba a decir unas palabras para recordar al abuelo, se
escuchó lo siguiente:
-¿Modelo?
-1927, respondió alguien desde el grupo.
-A ver...a ver 1927...1927, decía la luciérnaga mientras
ojeaba el librito.
- Ahhhh, mmm, sí acá está, Instrucciones: se
abre la puertita en la espalda, se quita la pila agotada y se reemplaza
por una nueva.
Cuando nadie todavía se recuperaba de la sorpresa el abuelo
brillaba más que nunca y volaba para ser nuevamente el acento
de Encarnación.
La fiesta siguió hasta el amanecer, y el Encarnación
luminoso se vio en el cielo hasta que la luz de las luciérnagas
se confundió con las del nuevo día.
Esa noche las langostas descubrieron un secreto: las luciérnagas
son a pila.
BIANFA |