Una gran sorpresa para José: otra nota sobre un oficio casi desaparecido le revelará el desconocido pasado de sus abuelos.

Don Organillero, ¿cómo anda?
–Acá estoy, nadiando.
–¿Nadiando?
–Sí, haciendo nada.
–¿Y por qué no mata el tiempo con algo?
–Acá no se mata nada. Me declaro pacifista: en esta casa, además de las plantas y las cuentas, siempre se abonó la defensa de la paz. Qué raro verlo por acá en horario de trabajo…
–Es que estoy trabajando. Quiero que me cuente de su oficio...
–Hace años que no trabajo. Me jubilé.
–Bien, pero cuénteme qué hacía...
–Yo era organillero y trabajaba con un actor, un loro que Ud. conoce. Caminábamos por las calles de Buenos Aires y yo iba tocando el organito, llamando la atención de la gente y...
–Espere... ¿qué es un organito?
–Es un instrumento que dentro de su caja contiene un cilindro donde están grabadas melodías, un tango, un valsecito criollo, una canzoneta napolitana, una tarantela, un pasodoble. El organillero le da vuelta a la manivela, el cilindro gira y reproduce la canción.Y después venía la gran actuación…
–¿Es decir?
–Salía el loro, tomaba uno de los papelitos de la suerte y se lo entregaba al cliente.
–¿Y los papelitos qué decían?
–Mensajes de buena suerte, para que la gente se fuera contenta a seguir con su actividad.
–¡Qué lindo! ¿Y tiene alguna anécdota?
–Sí. Una vez, caminando por la Plaza San Martín, nos cruzamos con un organillero muy famoso, Héctor Manuel Salvo, más conocido como Manú Balero, y sus dos cotorritas, Teresita y Consuelo.
–¿Y cuál es la anécdota?
–Qué ese día el loro, que es tu abuelo, conoció a Consuelo.
–¿Qué Consuelo?
–¡Tu abuela Consuelo! Fue una de las "cotorritas de la suerte" más famosas de Buenos Aires. Escuchá: "Y el último organito se perderá en la nada y el alma del suburbio se quedará sin voz".
–¿Y eso?
–Un regalo para tu corazón, del poeta Homero Manzi: "El último organito"