El jefe le pidió una nota sobre la Rosca de Pascua. Ahí va José, en busca de una panadería...

–Buenas... ¿Ud. es maestro pastelero?
–Sí. ¿Qué quiere saber?
–¿Aprendieron a sumar las masas?
–¡¿Qué dice?!
–Ud es maestro. ¿No les enseña a las masas?
–¡No! Soy maestro, pero pastelero. O sea que a las masas no les enseño, las hago, como también hago facturas, postres, hojaldre, etc. Mi oficio es hacer cosas dulces.
–¿Entonces no enseña?
–Bueno, sí. Le voy a enseñar. Vamos a hacer una Rosca de Pascua, el símbolo de la vida eterna, la muerte y la resurrección en un círculo sin fin. ¿Le parece?
–¡Además es poeta! ¿Empezamos?
–Adelante. Yo soy el maestro y Ud. el alumno. En ese recipiente coloque 30 g de levadura, revuélvala bien hasta que se disuelva en 100 cc de leche con una cucharada de azúcar y dos cucharadas de harina.
–Listo.
–Bien, ahora ponga 400 g de harina sobre la mesa de trabajo, hágale un hueco en el medio y coloque allí 120 g de azúcar, una cucharadita de esencia de vainilla, una cucharadita de agua de azahar, una pizca de sal, medio limón rallado, 150 g de manteca blanda, agréguele la levadura disuelta y 2 huevos.
–¿Rotos?
–Claro, ¡no los va a poner enteros!Sigo. Agréguele leche para unir todo y después lo deja levar.
–¿Lavar? ¿Se ensució la rosca?
–¡Le-var! Es decir que aumente el volumen de la masa por la levadura. ¿Entendió?
–No se enoje...
–Bueno… Cuando la masa ya aumentó su volumen, colóquela en un molde para darle forma de rosca, incrústele unos huevos que se cocinan junto con la masa, decórela con crema pastelera, píntela con huevo y póngala 35 minutos en el horno.
–¿Que la pinte con huevo...?
–Con un pincel limpio. Con eso le da un color doradito y brilloso…
–Ah... la barniza.
–Si quiere dígalo así. Y cuando la saque del horno agréguele cerezas y azúcar. ¿Qué tal? ¿Le gustó?
–¡Sí! Me voy a hacer una con zanahorias en vez de huevos...
–¿Zanahorias?
–Claro, así el Conejo de Pascua me deja una montaña de huevos...