Nuevo pedido del jefe: "José, quiero una nota con el profesional que estudia la composición y naturaleza del suelo en su relación con las plantas y el entorno".

–Señor... ¿Este es el laboratorio?
–Sí, claro. ¿Qué otra cosa podría ser?
–Con tanta tierra, palitas y baldecitos más bien parece el arenero de un jardín de infantes.
–Sí es arena no es tierra. Hable con propiedad.
–Como propiedad, tengo un nido. Y de un ambiente...
–Me refiero a que si es arena no es tierra; los edafólogos estudiamos esas diferencias. Estudiamos el suelo, el lugar donde usted está parado.
–¿Estudian las baldosas?
–No se haga el gracioso. Hablo de lo que hay debajo de las baldosas, el suelo. Ese suelo que se origina a partir de la materia madre producida por los procesos químicos y mecánicos de transformación de las rocas de la superficie terrestre. A esta materia madre se agregan el agua, los gases, sobre todo el dióxido de carbono, el tiempo transcurrido, los animales y las plantas que descomponen y transforman el humus, dando por resultado una compleja mezcla de materiales orgánicos e inorgánicos: el suelo.
–¿Y para qué sirve lo que ustedes estudian?
–Porque es muy importante saber cómo son los suelos. Por eso analizamos su composición, establecemos normas para su manejo, su conservación, evaluamos si se pueden construir edificios sobre ellos o tratamos de sanarlos cuando están enfermos. Y sobre todo nos interesa saber si son cultivables: algunos no lo son y otros solo sirven para un tipo de cultivo y no para otro.
–Ya entendí: es como si estudiaran la cáscara de una naranja y no la naranja entera...
–¡Eso! Lo felicito. Buena síntesis…
–O también podría ser la cáscara de una banana...
–Sí, podría ser. Pero mejor ponga naranja, porque es redonda, como la Tierra.
–¡O sea que Colón era edafólogo! Fue el primero que dijo que la Tierra era redonda...
–No. Colón era navegante.
–¿Se pasaba el día navegando en Internet?
–¡¿Qué dice?! ¡En esa época no había Internet!
–No se enoje. Adiós. Me voy al cyber... digo a mandar la nota.