El jefe: " ¡José! ¿A vos te gusta viajar en taxi, no?". José: "¡Me encanta!" El jefe: "Bueno, ahora vas a tener que subir a un colectivo para hacer una nota..."

-¡Corriéndose hacia el interior del colectivo, que el fondo está vacío!
–Todo está vacío. ¿Por qué grita?
–Esta frase siempre me gustó: cuando era chico me encantaba escuchársela a los colectiveros. Le digo más: entre otras cosas, soy colectivero para poder decirla.
–¿Y qué más le gusta de su oficio?
–Uno ve gente distinta todos los días. Acerca a los pasajeros a su trabajo, a una tarde de diversión los devuelve a su casa.
–¿Y ahora es más difícil que antes?
–En un sentido sí, porque se maneja más rápido y la gente no respeta las señales y a los otros conductores. Pero lo bueno es que ahora solo manejamos.
–¿Antes no?
–Sí. Pero hasta hace unos años además de manejar había que dar boletos y cobrarlos.
–¡¿Cómo?!
–Antes Ud. se subía al colectivo El colectivero decía: "Voy hasta Flores". El colectivero le daba un boleto de un color que le servía hasta Flores. Ud. pagaba y el chofer le daba el vuelto.
–¿Y había muchos boletos?
–¡Claro! De muchos colores y precios. Y además existían los capicúas. ¿Sabe lo que son?
–¡Sí! Unos parientes míos, unos loros grandotes. ¡No sabía que eran colectiveros!
–Los capicúas son los boletos cuyo número, leyéndolo de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, es igual. Por ejemplo: 56365. Sacar un capicúa traía suerte.
–¿Y le daban algún premio?
–No.
–¿Y entonces cuál era la suerte? Era “seguí participando”...
–Sigo. Los colectivos estaban todos fileteados.
–¿Como una merluza?
–¡No! Un fileteado es un estilo de pintura con la que se adornaban los bondis con flores, cintas, hojas de acanto, dragones y pájaros, entre otras imágenes que se combinaban con frases e imágenes de personajes populares.
–Le pintaban un Ben 10, por ejemplo.
–No. Un Gardel.
¿Gardel?
–Sí. El Zorzal criollo
–¿Un pájaro?
–No. El mejor cantor de tango de todos los tiempos.
–En la esquina por favor...