José es un loro muy curioso. Siempre quiere saber cómo, cuándo, por qué, dónde, para qué. Por suerte, el abuelo tiene muchas respuestas para dar. Esta vez sobre las latas.
-¿Qué hacés, José?
–Estoy jugando a Napoleón Bonaparte. En realidad, soy un soldado de él que va a una gran batalla.
–Bueno, en tu mochila poné algunas latas de conserva.
–¿Latas de conserva?
–Sí.
–¿No me vas a decir que las inventó él?
–No, pero hizo un concurso para conseguir un envase en el cual se pudieran transportar alimentos sin que se echaran a perder.
–¿Nooo? ¿Las latas se remontan al siglo XVIII?
–Sí, bueno, más o menos, Bonaparte dio un premio de 12.000 francos para quien lograra hacerlo y el ganador fue Nicholas Appert, que era un parisino que envasaba bebidas, hacía encurtidos, confituras. Y un día se preguntó: “¿Por qué no poner comida en las botellas como el vino?”.
–Me imagino.
–¿Qué?
–¡Descorchate una carne de cerdo! ¿Qué cosecha?...
–No, lo que te quiero decir es que pensó hacerlo de la misma forma que lo hacía con el vino. Poner la comida en un recipiente de vidrio, taparla con un corcho y sellarla.
–¿Y lo logró?
–Sí, las muestras fueron llevadas a bordo de un barco y, después de unos meses, las abrieron y, al probarlas,…
–¿Estaban putrefactas?
–No. Estaban fantásticas.
–¿Y las latas?
–Continúo. Como sabrás, muchas veces se piensa lo mismo al mismo tiempo en lugares distintos. Y, en Inglaterra, Peter Durand había llegado al mismo razonamiento que Appert, solo que decidió mejorar el envase porque el vidrio se rompía. Entonces pensó que se podían hacer envases con estaño. Lo que hizo fue utilizar la misma técnica de envasado que el francés: colocaba la comida en el envase, lo sellaba, le expulsaba el aire y después lo ponía en agua caliente. Como ahora.
–Entonces, ¿Durand hizo las primeras latas?
–No, ni Appert, ni Durand las hicieron. Otros ingleses, Bryan Donkin y John Hall, con la patente de Durand, pusieron la primera fábrica de enlatados y comenzaron a venderle al ejército.
–¿Y cómo llegó hasta acá?
–¿Padre?
–Sí, padre.
–En realidad, no es el padre, el padre es Appert, o –en todo caso– Durand. Kensett debería ser el tío de la lata.
–José, no me enloquezcas.
–Bueno, abue, ¿decime más?
–Me tengo que ir, pero anotá estas direcciones web. Ahí vas a encontrar más info: http://webs.advance.com.ar/steelcan/es p/historia_intro.htm y http://webs.advance.com.ar/steelcan/es p/historia.htm
–¿Abue? ¿Y el abrelatas?
–Es parte de otra historia José pero, si querés saber, mirá en Wikipedia
-¡Gracias, capo!