La curiosidad de José no tiene límites. Y las ganas del abuelo de contar historias tampoco. Con esta dupla… ¡aprendés de todo!

- José, ¿tenés cerillas?
–A veces tengo un poco en el oído, abuelo.
–No, no… hablo de los fósforos. Cerilla es un sinónimo de fósforo.
–¿Y por qué no me preguntás si tengo fósforos?
–Es que quería saber si sabías, así te cuento un poco de este invento que como muchos otros nació de la observación.
–A ver...
–Los fósforos tienen unos 200 años de vida...
–¡Ningún fósforo dura esa cantidad de años!
–Lo que te decía es que fueron inventados hace unos 200 años.
–¿Y antes de los fósforos, la oscuridad?
–No, te explico: hasta mediados del siglo XIX se utilizaba el eslabón.
–¡Ya sé quién inventó los fósforos!
–¿Quién?
–¡Darwin!
–¿Darwin?
–Sí, el del eslabón perdido. Debe ser que el eslabón perdido entre el homo sapiens y los monos es el homofosforensis.
–¡¿Homofosforensis!
–Claro, el eslabón perdido que creó los fósforos...
–José pará con los chistes que me vas a enloquecer. Te decía que antes de la invención de los fósforos se utilizaba el eslabón, que era un trozo de acero que se frotaba contra un mineral muy duro llamado sílex. Las chispas caían sobre yesca, que era un preparado con trapos o maderas, y ahí se prendía el fuego.
–¡Qué trabajo!
–Claro, por eso siempre te digo que los inventos facilitan la vida de la gente. Un día el farmacéutico inglés John Walker observó, mientras preparaba un compuesto de productos químicos para tratar de conseguir un nuevo explosivo, que un poquito de la preparación se había quedado pegada en la punta de un palito. Lo frotó contra el piso de piedra, y prendió. Inventó…
–¡La varita mágica!
–¡No! ¡Los fósforos! Entre los elementos que tenía ese fósforo inicial estaba el sulfuro de antimonio. Luego se cambió ese compuesto por fósforo blanco y se inventaron formalmente las cerillas de fricción. Es decir las que se raspan para que enciendan.
–¿Y son como las de ahora?
–Casi. Como esas sustancias eran muy inestables y se encendían espontáneamente, con el paso del tiempo se cambió el fósforo blanco por el rojo, que es más estable. Y desde fines del siglo XIX se comenzaron a fabricar los fósforos de seguridad.
–¿Los que usamos ahora?
–Sí. La cabeza está compuesta por trisulfuro de antimonio y dicromato potásico unidos con cola. La cabeza de la cerilla sólo se enciende al frotarla contra una mezcla de fósforo rojo, vidrio pulverizado y cola que hay al costado de la caja. El calor de fricción transforma un poco de fósforo rojo en la variedad blanca, que se inflama y enciende la cabeza. Para evitar la combustión rápida del palito, la madera de las cerillas se suele impregnar con una sustancia no inflamable, como el fosfato amónico. Está comprobado que son de seguridad.
–No te creas. Yo compré una caja, los probé uno por uno… ¡y todos prendieron!
Bonus: Si querés saber más sobre el tema podés entrar a www.educar.org o a www.jccm.es. Y ya sabés: para escribirle a José, hacelo a josemicrofono@atlantida.com.ar